Demandas nutricionales en el ejercicio intenso

DEMANDAS NUTRICIONALES EN EL EJERCICIO INTENSO

En nuestro laboratorio de San Diego y en el del Dr. Doug Clement y sus colegas, se ha llegado a la conclusión de que entre los deportistas, tanto hombres como mujeres, es muy frecuente encontrar condiciones deficitarias que afectan a la sangre. Dos estudios recientes de cierto número de atletas olímpicos, coinciden en estos mismos resultados de que hasta entre los mejores deportistas es común dicho problema. En la mayoría de los casos, esta condición es el resultado de una nutrición inadecuada y refleja la escasez de hierro y folatos en la alimentación americana en general. El primer Control de Salud y Nutrición, realizado sobre 28.000 ciudadanos americanos, mostró una muy extendida deficiencia de hierro entre la población, siendo uno de los datos obtenidos de que 9 de cada 10 mujeres seguían una dieta insuficiente en hierro. El Control Nutricional de los Diez Estados, sobre 86.000 americanos, mostró deficiencias de folato tanto en hombres como en mujeres, en una proporción que alcanzaba el 50 por 100 en algunos Estados.

Semejantes deficiencias alcanzan aún más a los atletas, en relación con las personas sedentarias. En la revista Physician and Sports Medicine, en 1984, Parr, Bachman y Moss informaron de que la totalidad de las 29 atletas femeninas que tuvieron ocasión de examinar, mostraba unos niveles de reserva de hierro ingeriores a los normales. Otros estudios realizados por Ehn en 1980, y Wishinitzer en 1983, han mostrado una baja proporción de hierro en la médula ósea de atletas masculinos de élite, indicando reservas de hierro completamente agotadas.

La deficiencia en hierro no es equivalente a anemia

No estamos hablando, no obstante, de enfermedad alguna. Los atletas de todos estos estudios se encuentran en un estado de excelente salud, pero no en condición óptima. El origen de las deficiencias que presentan estriba en que la "buena dieta mixta", e incluso cualquier dieta cuidada, resulta inadecuada para hacer frente a las severas demandas del ejercicio intenso. Y ciertamente, el ejercicio representa agotamiento. En 1971, un estudio de Kilbom llegó a los resultados de que 7 semanas de entremamiento moderado, producía en atletas femenisnas grandes reducciones en los niveles de hierro hemático. Informes más recientes de Bell y Lindemann, en el New England Journal of Medicine han hecho ver claramente que el entrenamiento intenso reduce los niveles de hemoglobina y el hematocrito, tanto en deportistas como en personas sedentarias, reduciendo, por lo tanto, la capacidad del organismo para la utilización del oxígeno.

Alberto Salazar fue el mejor corredor de maratón del mundo, hasta que, en un momento dado, sobreentrenó hasta el punto de incurrir en una seria deficiencia en hierro. Es poco probable que consiga recobrarse lo suficiente como para situarse de nuevo en la élite, debido a que permaneció un tiempo sin tratamiento alguno y, a continuación, se trató sólo con suplementación de hierro. Como tendremos ocasión de comprobar, la administración de comprimidos de hierro raras veces constituye la solución a este tipo de problemas.

La clase de tratamiento que se prescribió a Alberto Salazar se apoyaba en el error común de considerar las deficiendias nutricionales de los deportistas como si fueran enfermedades. Esas vagas denominaciones de "anemia deportiva" o un esfuerzo de englobar todas esas deficiencias en un único término. Pero este nombre resulta ambiguo y lleva a la confusión de una enfermedad, la anemia, estudiada y descrita en personas sedentarias, con los complejos déficits nutricionales que tienen lugar entre sujetos sanos y físicamente muy activos, como son los atletas.

La verdadera anemia es muy rara entre los atletas. Por ejemplo, en 1982 Clement y Asmundsen hallaron que el 80 por 100 de las atletas femeninas estudiadas presentaban déficit de hierro, pero ninguna anemia. En nuestro laboratorio y en el Instituto Colgan, hemos examinado a 124 varones y 790 mujeres atletas. Ni un sólo individuo de ambos grupos ha presentado los cambios microcíticos e hipocrómicos en los glóbulos rojos que son característicos en la anemia.

Ingestión de hierro y demanda de hierro

Se ha comprobado que de una manera general los atletas continúan presentando deficiencias en el hierro hemático aún cuando su ingestión de hierro sea superior al nivel US-RDA específico. En el Medical Journal of Australia, Steward Steel y Toyne han informado de casos de estado hemático deficitario en atletas olímpicos australianos, aun cuando éstos ingerían dosis de hierro más altas que el doble del US-RDA para este elemento. ¿ A qué es debido esto? La principal causa de ello radica en que el entrenamiento intenso hace que los atletas consuman el hierro y otros nutrientes a un ritmo mucho más elevado que las personas sedentarias. Una importante fuente de pérdida a este nivel es el sudor. Los estudios de Consolazio en los 60 han mostrado que la sudoración abundante puede elevar la pérdida de hierro a niveles de hasta 0,5 mg/hora, habiendo confirmado este dato muchos estudios posteriores. Por tal motivo, las pérdidas de hierro a través del sudor en 3 horas de entrenamiento diario pueden elevarse hasta 1,5 mg. Y tal cantidad excede ya, por sí misma, la cifra de 1,0 mg/diario, considerando como el total de las pérdidas diarias de hierro por todo tipo de causas para atletas varones, y usada para deducir el US-RDA para el hierro. Como acabamos de ver, simplemente la transpiración producida por el entrenamiento intenso puede aumentar los requerimientos dietéticos de hierro en el atleta hasta más del doble de los calculados. Pero la transpiración es solamente uno se los factores que diferencian a los atletas de las personas sedentarias. Otro de los efectos del ejercicio intenso que eleva las necesidades de hierro es la hemolisis intravascular, o lesionamiento interno de los glóbulos rojos. Se han hallado evidencias de hemolisis intravascular, incluyendo la presencia de hemoglobina y de hierro en la orina, en estudios realizados sobre esquiadores de fondo y corredores de fondo, y en el transcurso de marchas.

Hemos realizado recientemente una prueba sobre 8 corredores de maratón, antes y después de una carrera de 13,1 millas a un ritmo de 60-70 por 100 V02 máz., previo ayuno de una noche. Todos ellos describieron esta carrera como una sesión de entrenamiento ligera-moderada. Ninguno informó de efecto anormal alguno. Pero 5 de los 8 presentaron aumentos significativos de glóbulos rojos en la orina tras la carrera, demostrando que incluso el ejercicio moderado puede producir pérdidas de hierro como consecuencia de lesión de glóbulos rojos. También se han detectado pérdidas como consecuencia de la composición de la dieta de los atletas modernos, que contiene a menudo altos niveles de fitatos y de fibra procedentes de los cereales integrales, y que inhiben la absorción del hiero. El ejercicio intenso puede llegar a suprimir por sí mismo la absorción de hierro. Otro de los factores es el aumento de la demanda para abastecer a la producción de nuevas células para el crecimiento muscular y vascular en los atletas.

Queda, pues, poca opción a la duda de que los atletas tienen necesidades de hierro mucho mayores que la población sedentaria en general.

Implicación de otros nutrientes

La deficiencia en hierro no se da nunca aislada, sino que se hallan implicados siempre otros nutrientes. Esta es una de las razones por las que los suplementos de hierro por sí solos raras veces resuelven el problema, como ya vimos con el caso de Alberto Salazar. El folato es uno de los nutrientes importantes para la producción de glóbulos rojos. Las deficiencias de folato disminuyen la velocidad de división del glóbulo rojo provocando la maduración de grandes lóbulos rojos frágiles denominados megaloblastos, así como un descenso marcado en el número de células, y como resultado de todo ello, una disminución de la capacidad de transporte de oxígeno. En las pruebas Smac 24 más CBC, frecuentemente empleadas, la deficiencia de folatos resulta indifirenciables de la deficiencia de hierro.

El zinc está también implicado en la formación de glóbulos rojos. El manual US-RDA reconoce a este respecto que los niveles de zinc son, a menudo, bastante deficitarios entre los americanos.

La deficiencia dietética de zinc no sólo reduce sino que también altera los niveles e folatos.

Las carencias de zinc no pueden detectarse a partir de las pruebas hemáticas normalmente empleadas para deportistas.

La piridoxina es otro de los nutrientes empleados. En 1980, el Control Nacional de Consumo Alimentario halló deficiencias dietéticas de este nutriente en 1 de cada 3 familias. Estudios recientes realizados en el laboratorio del Dr. Karl Folkers, experto mundial en piridoxina, han revelado deficiencias muy extendidas en las raciones individuales, en el transcurso de los denominados "controles normales", en investigación sobre aspectos nutricionales. Los atletas se encuentran especialmente predispuestos a este tipo de deficiencia, puesto que el ejercicio intenso y prolongado aumenta probadamente la excreción de piridoxina, debido posiblemente al uso de este nutriente en el metabolismo energético. Raramente se efectúan entre los atletas pruebas para la detección de los déficits en piridoxina.

Por último, también el ascorbato está implicado en la formación de eritrocitos. La deficiencia de vitamina C produce con frecuencia deficiencia de hierro o de folato, aun a pesar de que el hierro dietético sea suficiente. Raras veces se comprueba médicamente el nivel de vitamina C en los atletas.

Todos estos ejemplos de interacciones entre nutrientes en relación con la eritropoiesis (formación de glóbulos rojos), sirven para hacer ver cómo los déficits de hierro en los atletas y el aumento de las necesidades de este elemento en el ejercicio intenso son sólo una pequeña parte del rompecabezas nutricional. El gran número de casos de deficiencia exclusiva de hierro que suele registrarse tiene su origen en que el hierro es el único de los nutrientes implicados que se evalúa con regularidad en las pruebas hemáticas usuales.

Evaluación múltiple de nutrientes

Ha llegado el momento de que los profesionales médicos deportivos comiencen a evaluar los niveles del resto de los nutrientes relacionados en la actividad atlética. Recientemente hemos terminado uno de estos estudios, en el que se medían varios nutrientes que actúan sinérgicamente junco con el hierro, con el objeto de mantener la condición de la sangre. Dicho estudio fue presentado con motivo del Congreso Médico de la Copa del Mundo de Atletismo en Camberra, octubre de 1985, y su publicación corre en estos momentos a cargo de la Asociación Internacional de Atletismo Amateur.

Para este estudio contamos con la colaboración de 12 corredores de fondo varones y 6 mujeres, cuyos niveles deportivos iban desde el nivel de club hasta el de élite, y que normalmente entrenaban con intensidad (de 50 a 100 millas por semana). La dieta de cada uno de estos sujetos fue analizada por el Programa Colgan de Evaluación de Nutrición y Rencimiento (tm), el cual utiliza los datos de composición alimentaria procedentes de los manuales 8 y 456 del Departamento de Agricultura de los EE.UU. y de la American Medical Asociation.

Las condiciones de nutrición orgánica se determinaron a partir de muestras de sangre tomadas cada 4-6 semanas durante 24 semanas. El estudio se realizó a doble ciego. Los sujetos se distribuyeron al azar en dos grupos. A partir del análisis dietético, cada uno de los miembros del primer grupo recibió suplementación diaria de nutrientes durante 12 semanas, de tal modo que sus dietas alcanzaran el 100 por 100 de los US-RDA para todos los minerales y vitaminas recomendadas. Para el segundo grupo se adoptó el mismo procedimiento, salvo que cada uno de sus componentes recibían suplementación adicional en las cantidades siguientes:

Nutriente Cantidad
Ácido fólico 2,4 mg.
Cianocobalamina 100 mcg.
Hidrocloruro de piridoxina 150 mcg.
Äcido ascórbico 500 mg.
Ascorbato de calcio 500 mg.
D-alfa tocoferol succinato 200 mg TE
Gluconato ferroso 400 mg.
Gluconato de zinc 200 mg.

En la semana 12 se realizó un cruce ciego, de modo que el primer grupo pasó a recibir los suplementos adicionales y el segundo a recibir sólo lo necesario para que las dietas de sus componentes alcanzaran el 100 por 100 de los US-Rda.

Resultados: los RDAs fueron inadecuados

Pese a que ambos grupos mostraron inicialmente niveles de folato dentro del rango médico de referencia, la suplementación con 2,4 mg diarios de ácido fólico elevó significativamente tanto el folato del plasma como el de los glóbulos rojos. Cuando, entre las semanas 12 a la 24, se retiró este suplemento de folato del grupo 2, la condición de la sangre descendió, a pesar de que los atletas continuaron recibiendo 400 mcg. diarios de ácido fólico (100% del US-RDA). El estudio inicial respecto a la piridoxina resultó ser deficiente en ambos grupos. La suplementación con 150 mg. diarios de hidrocloruro de piridoxina eliminó tal deficiencia. La supresión de la suplementación recibida por el grupo 2 en la semana 12 tuvo como consecuencia una reaparición del déficit de piridoxina a la altura de la semana 24, aun cuando su dosis diaria de piridoxina se mantuvo al 100 por 100 del US-RDA.

Los resultados fueron similares para el caso del zinc. La suplementación con 200 mg. diarios de gluconato de zinc elevó significativamente el nivel plasmático de zinc en ambos grupos. La supresión de la suplementación para el grupo 2 en la semana 12 tuvo como consecuencia una caída notable del zinc plasmático a la altura de la semana 24.

Pese a la ingestión diaria de ascorbato en dosis del 210 y del 230 por 100 del US-RDA específico para este nutriente, el nivel plasmático inicial de vitamina C en ambos grupos se encontraba por debajo del nivel médico de referencia. La suplementación con 500 mg. diarios de ácido ascórbico más 500 mg. diarios de ascorbato cálcico, elevó el nivel de vitamina C en el plasma, eliminando la deficiencia. La supresión de la suplementación recibida por el grupo 2 a partir de la semana 12 ocasionó una significativa disminución del nivel plasmático de la vitamina C al efectuarse su comprobación en la semana 24, pese a que los atletas de este grupo continuaron recibiendo 60 mg. diarios de ácido ascórbico (es decir, el 100 por 100 del US-RDA).

La nutrición deportiva inicia una era emocionante y nueva

Inicialmente, ambos grupos mostraron deficiencias en tocoferol, a pesar de que ingestión media diaria era aproximadamente equivalente al US-RDA. La administración de 200 mg. de alfa TE diarios, alfa tocoferol succinato, eliminó esas deficiencias. La supresión de dicha suplementación al grupo 2 a partir de la semana 12, mostró, al llegar la semana 24, la aparición de un cierto déficit de tocoferol.

La concentración plasmática inicial de feritina en ambos grupos se hallaba por debajo de los rangos médicos de referencia, indicando una alta deficiencia en las reservas de hierro. La cuplementación con 400 mg. diarios de gluconato elevó de manera significativa la ferritina y el hierro plasmático. Para el grupo 2, la supresión de esta suplementación a partir de la semana 12 mostró al llegar a la semana 24 un descenso importante de la hemoglobina y del hierro plasmático, pese al hecho de que todos ellos continuaron recibiendo el 100 por 100 del US-RDA para el hierro diariamente.

La suplementación no corrigió por completo la diferencia en hierro, puesto que la ferritina plasmática de ambos grupos no se elevó lo suficiente como para alcanzar los rangos médicos de referencia en el transcurso del estudio.

Todo parece indicar que el período de 12 semanas de suplementación resultó insuficiente para corregir las deficiencias en las reservas de hierro, a pesar de la administración combinada con sus nutrientes sinérgicos.

Y finalmente, es preciso observar que a lo largo de su período de suplementación (semanas 1 a 12), el grupo 2 mostró un aumento significativo en su V02 máx., lo cual sugiere un efecto positivo de la suplementación adicional en el rendimiento. Los rendimientos individuales de los componentes del grupo resultaron en sí mismos excesivamente variables, no siendo, por tanto, aprovechables para un análisis estadístico, pero ambos grupos mostraron mejoras en sus rendimientos durante los períodos en que recibieron suplementación adicional. Tres de los sujetos mejoraron sus marcas personales, reduciendo una de las atletas en 2 minutos 5 segundos su marca para 10 km.

Conclusión: es altamente probable que los niveles US-RDA de nutrientes resulten insuficientes para el atleta

A lo largo del estudio, resultó evidente que los niveles de nutriente equivalentes al 100 por 100 de los USD-RDA diariamente administrados eran insuficientes para evitar la degradación del "status" nutricional de los atletas objeto del estudio, siendo el entrenamiento intenso el origen de tal degradación. Por el contrario, la suplementación nutricional de estos atletas con los nutrientes implicados en la formación de glóbulos rojos mejoró los niveles orgánicos de nutrientes. Se dieron también algunos casos de mejora del rendimiento a lo largo del período de suplementación.

Los valores que se emplearon para las concentraciones de nutrientes en sangre fueron los rangos médicos de referencia, determinados en principio para la detección de enfermedades. Hoy por hoy no existe otro tipo de normal para el estado nutricional que goce de la aceptación suficiente. Pero los atletas objeto de nuestro estudio no estaban enfermos sino en un perfecto estado de salud y, por lo tanto, quizás deberíamos haber empleado una escala de valores óptimos de nutrientes en sangre. Desgraciadamente, los valores óptimos de la mayoría de los nutrientes esenciales permanecen aún desconocidos.

En el Instituto Colgan, hemos trabajado durante los últimos 12 años en la determinación de estos valores óptimos. Algunos de los nuevos valores que hemos hallado pueden encontrarse en una publicación especial del IFBB distribuida en todo el mundo a los comités olímpicos y a las federaciones deportivas. Gracias a esta publicación y a otras recientes, nuestros datos han comenzado a producir impacto en el contexto de las Ciencias del Deporte. Científicos del deporte, antiguamente conservadores, como el Dr. Russel Pate, comparten hoy nuestra opinión de que los valores de hematocrito y hemoglobina que se toman como normales para las personas sedentarias pueden no ser válidos para los atletas. Otros 5 estudios recientes publicados en el Journal of Applied Physiology y en el Medicine and Sience in Sports and Exercise, confirman esta idea.

Todo parece indicar que, finalmente, las ideas sobre nutrición en el deporte emergen del inmovilismo de los "standars nutricionales", sólo aplicables a personas sedentarias o a enfermos. Los científicos comienzan a reconocer, también, que esos "criterios mínimos" empleados en medicina para la consideración de los estados nutricionales del organismo no son en absoluto válidos para los organismos de los atletas que persiguen un óptimo rendimiento deportivo.

Al fin, la nutrición deportiva inicia una era emocionante y nueva.

 

Autor: Dr. MICHAEL COLGAN

Publicado: SENSEI

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