El Tibet: Medicina de todos los tiempos

"El país de las plantas medicinales", así era conocido el Tibet en los albores de nuestra era. En el siglo VII el budismo arraigó profunda y definitivamente en Lhasa, la capital, famosa en todo el continente asiático por recopilar y traducir numerosas obras de medicina, luego celosamente guardadas en los monasterios tibetanos. Allí acudían -y acuden- desde siglos quienes desean aprender el arte de curar. Son numerosos los lamas que después de muchos años de arduos estudios reciben el título de "Men-ram-pa", equivalente al de doctor de medicina. Sin embargo, pocos lo practicarán abiertamente como profesión ya que un sacerdote budista está al servicio de los dioses y no de los hombres. Para un lama el estudio de la materia médica sería un motivo de enriquecimiento intelectual, cultural y filosófico.

El saber médico tibetano procede en su mayor parte de textos hindúes  -la medicina de los Vedas- y en menor cuantía, chinos. Así, la acupuntura, fundamentalmente china, es poco practicada en el Himalaya; sólo se aprovechan algunos de sus puntos como lugar donde aplicar los moxas. De los chinos han adoptado el diagnóstico por el pulso, así es como aquellos reconocen hasta doscientos tipos distintos de pulso, los tibetanos sólo admiten once.

La Medicina Vérica es antiquísima remontándose hasta seis siglos antes de Cristo. Los tratamientos por excelencia están basados en encantamientos y fórmulas mágicas ocupando los medicamentos un lugar secundario; jugarían un papel complementario, quizás el de potenciar los ensalmos mágico-religiosos, como mechas de las ideas médicas indias tienen gran similitud con las enseñanzas de Galeno (Siglo II después de Cristo).

Los libros de medicina tibetanos están escritos en Sánscrito, en unas hojas oblondas de papel, y por ambas caras.

La traducción de estos manuscritos es harto difícil debido a que para mantener el secreto si por azar caían en manos extrañas, los autores alteraban deliberadamente el emplazamiento de las palabras, las abreviaban, las sustituían por metáforas y lo complicaban todo en grado extremo.

En la consulta de un médico tibetano

Debido a la invasión del Tibet por China, muchos tibetanos huyeron refugiándose en los vecinos países de la India y del Nepal.

Es en el Nepal donde conoceremos la medicina tradicional tibetana, las teorías médicas y tibetanas son un tanto enrevesadas y en su estudio encontraremos muchos puntos de oscura interpretación. Si no fuese por los dibujos anatómicos que describen los puntos de mosibustión y los "chakras".

Como tratamientos, a parte de la consabida receta, vemos aplicar moxas, ventosas, masajes... Los tibetanos también efectúan sangrías. Desde tiempo inmemorial cuando los tibetanos inciden una vena para sangrarla aplican un cuerno encima de la herida. Este cuerno tiene el extremo superior cortado o agujereado, así era posible aspirar por dicho orificio y con ello obtener un mayor flujo sanguíneo.

La Bilis, La Flegma y el Aire

En el cuerpo humano existen tres humores: Bilis, Flegma y Aire. La Bilis tiene su asiento principal en el centro del organismo, la Flegma en la parte alta, y el Aire en la parte baja. Sin embargo y en la práctica, cada humor puede dirigirse, desde su asiento, a las más diversas regiones del cuerpo.

Estos tres humores se corresponden con los tres principios: Materia, Energía y Espíritu. Así la Bilis es la "Energía", la Flegma la "Materia" y el Aire la "Mente".

La salud es el resultado de un armónico equilibrio entre estos tres humores. Por lo tanto, aparecerá la enfermedad cuando exista una desarmonía entre ellos.

Una excesiva actividad emocional, la cólera, la ira, la ambición y en la esfera física el exceso de alcohol y de sexo darán lugar a un incremento de la Bilis.

La ignorancia o la pérdida de interés en las cuestiones espirituales, llevar una vida indolente o de excesivo confort, crearán un exceso de Flegma.

Dedicarse con preferencia al desarrollo del espíritu, a las prácticas ascéticas, la violenta represión del deseo sexual o una deliberada retención de los deseos de orinar o defecar, producirán un aumento del Aire.

Los occidentales seremos más propensos a enfermar por un exceso de Bilis o de Flegma que de Aire. Por el contrario, los hindúes, debido a su vida espiritual y a sus prácticas de meditación están más expuestos al peligro de padecer un exceso de Aire. Y así, en la práctica, en el 60 % de la farmacopea tibetana está encaminada a combatir las enfermedades provocadas por un exceso de Aire. Esta es, en los Himalayas, la forma más frecuente de enfermar.

El Karma y los Diablos

El médico tibetano da mucha importancia a la dieta, porque la alimentación deberá variar y adecuarse a cada estación. Cada uno de los diferentes humores, Flegma, Bilis y Aire, asimismo, predominan siguiendo un ritmo estacional e, incluso, diario.

Otra causa de enfermedad está relacionada con el Karma. Los errores cometidos de pensamiento, palabra y obra en vidas anteriores, afectan al presente en cada uno de nosotros. La enfermedad será la manera de purgar estos "pecados". Se acepta como verdad incontrovertible que una desarmonía entre los tres humores predispone el cuerpo a los ataques demoníacos. La única cura es el exorcismo practicado por un lama.

El budismo tibetano, al estar en gran manera influenciado por el tantrismo y la primitiva religión Bon dispone en su liturgia de numerosas prácticas mágicas y ritos encaminados a defenderse de las fuerzas malignas y a combatir los aspectos diabólicos.

En principio, toda enfermedad mental es debida a un acto de posesión por alguno de estos seres; la psiquiatría queda, por tanto, en manos de los sacerdotes médicos, lamas especializados en tales menesteres.

Métodos diagnósticos

Antes de emitir un diagnóstico o proceder a la cura, el médico tibetano cierra los ojos y destina unos breves momentos a la meditación. Consistirá en hacerle al paciente 29 preguntas standard. Pero sin que las preguntas se refieran únicamente a los padecimientos actuales y enfermedades anteriores, sino también al tipo de comidas, género de vida que lleva y a su esfera sexual.

El examen del pulso es imprescindible. De referencia debería tomarse en las primeras horas de la mañana, pues entonces sus características son más manifiestas. Lo palpan con los tres dedos medios, tanto en la muñeca derecha como en la izquierda. A veces también lo exploran en otras áreas del cuerpo, como podrá ser en las sienes para poner un caso.

En la medicina china, el estudio del pulso ha llegado a un grado tal de perfección que -como ya dijimos- describen hasta 200 tipos diferentes.

Tras el pulso viene el examen de la lengua. Una lengua espesa y amarillenta es característica de un incremento de la Bilis. Si fuera seca y áspera el exceso sería de aire. En el caso de un aumento de Flegma la lengua sería delgada y blancuzca.

Ahora el médico avanzará sus dedos hacia los párpados del paciente para separarlos y observar las pupilas. Y decimos bien las pupilas y no el iris, puesto que los tibetanos no practican la iridología.

Otro importante método es el proporcionado por la observación de la orina espesa y densa nos hará pensar en una enfermedad debida a un exceso de Bilis. Si la orina es espumosa, el exceso será, naturalmente , de Aire. Y ante una orina totalmente inodora, concluiremos que el exceso es de Flegma.

La interpretación de los sueños como ayuda del diagnóstico es contemplada, hoy día, como un procedimiento irrelevante, utilizable como complemento, dándole a las imágenes oníricas una importancia muy relativa y sólo teniéndolas en cuenta si se integran en el contexto de la enfermedad.

Autor: Karateka

Publicado: Karateka

Volver