Artes marciales, artes de vida

Artes marciales, artes de vida

Comencé a practicar artes marciales  a la edad de 13 años en 1973 no recuerdo que hubiese ninguna escuela en donde yo vivía pero conseguía libros de judo karate... y a través de ellos me entrenaba como podía o como sabía.

Mis entrenamientos mas reales eran en la calle ya que pertenecía a una conocida banda, que en Orense era bastante temida, casi todos los días teníamos algún tipo de pelea callejera con otras bandas o individuos, los fines de semana aumentaba a varias peleas, había días que hasta tres y 4 peleas, por suerte para nosotros casi nunca se utilizaban armas blancas, aunque si puños americanos y cadenas. A la edad de 15 años me apunté a la primera escuela de tae kwon do en Orense, por aquel entonces eran todos maestros coreanos y la verdad  tuve mucha suerte, bueno no se si fue suerte o que se enseñaba de otra forma, porque siempre he tenido maestros que realmente me enseñaron la esencia del arte marcial, gracias a ello  empecé  a dejar la violencia callejera y con 17 años ya no quería saber nada de peleas ni problemas en la calle, las artes marciales me habían enseñado el camino de la no violencia, sólo si mi vida o mi integridad peligraba podría defenderme y utilizar lo aprendido, esa eran las normas que mis maestros me enseñaban.

Recuerdo muy bien la famosa película de Kung Fu, lo que más me llamaba la atención era la filosofía, cuando el maestro le decía alguna frase al pequeño saltamontes, yo la apuntaba y reflexionaba sobre ella, nunca olvidaré una frase, que me pase días para encontrar su significado al final desistí, era muy joven he inexperto para averiguar lo que tan profunda filosofía trataba de decir, a pesar de ello  siempre creí que las artes marciales era algo mas que pegar patadas y puños, con los años pude corroborar que era así, pues como un amigo que te acompaña, como un ser vivo que esta a tu lado, el arte marcial me dio fuerza cuando  necesitaba  afrontar los problemas cotidianos de la vida, me dio paz cuando mi mente estaba confusa, puso orden cuando mi vida era un caos, me ayudó a apartarme por caminos que no me convenían y pude averiguar que dentro de mi había un ser que yo no conocía, en fin con esto quiero decir que hay mucho más de lo que se ve, no solo es un entrenamiento físico también  es, por supuesto espiritual, el buen artista marcial no se limita, por lo tanto deberá cultivar tanto su cuerpo como su espíritu, si queremos alcanzar el perfeccionamiento de nuestras técnicas deberemos hacerlo a través de nuestro espíritu ,desarrollando nuestra energía (Ki) y nuestra sabiduría interior, tenemos que proyectar en nuestras técnicas y entrenamientos el deseo de mejorar nuestra vida, cada día de entrenamiento es un día mas de sabiduría y perfeccionamiento, el equilibrio es importante, saber mantenerse en el centro de las fuerzas es un principio que nos puede guiar a la verdad.

Cuando alcances una meta, ponte otra y así consecutivamente, nunca dejes de fluir, nunca dejes de aprender, desecha lo aprendido y dominado y comienza de nuevo, no debemos pararnos nunca, debemos estar en constante búsqueda, medita mientras golpeas el saco, cuando estés frente al espejo y patees hazlo con fuerza, tu enemigo esta enfrente, tienes que vencerlo, conócete a ti mismo, en todas estas cosas esta la magia de las artes marciales, es lo que nos diferencia de los deportes de lucha o de otros deportes ( sin menospreciarlos y con todo el respeto que se merecen ), también deberíamos dedicar un poco de tiempo a meditar, respirar y aprender técnicas de relajación, todo ello nos ayudara a mejorar nuestra técnica y mejorar nuestra vida..

La Artes Marciales son una forma de llegar a un estado de paz y sabiduría, da igual el arte que practiques, siempre y cuando, lo practiques con el corazón y el espíritu, sin ello, sin la técnica correcta deja de ser un arte para convertirse en un deporte o en un  simple ejercicio vacío.

Una vez mi maestro Shunji Sudo de Karate Goyu Ryu, sabiendo que yo había practicado durante muchos años Full Contac y Tae Kwon  Do, me preguntó:

¿Que es mejor el Okinawa Goyu Ryu o el Tae Kwon Do? yo le respondí mejor es quien lo practica o el practicante, el hace mejor o peor el arte que practique.

Debió gustarle mi respuesta puesto que me dijo que ya podía examinarme para cinturón negro. Con esto solo os quiero decir que sois vosotros, los practicantes los que debéis hacer de las artes marciales un ARTE y no dejar que se pierda el espíritu y la verdadera esencia, lo importante es lo que fluye de adentro y no lo que se ve por fuera, el arte marcial tiene y aporta grandes cosas a la persona que lo practique, algunas de estas cosas son las siguientes:

 Seguridad en ti mismo, fortalece la voluntad, observamos la paz interior, descubrimos la sabiduría que hay en nosotros, dominamos el cuerpo y adquirimos cierto grado de control sobre nuestros hábitos, nos ayuda a saber vivir y a saber morir, alegra nuestra vida, mejora nuestra concentración, aumenta nuestra fuerza de voluntad, nos  da fortaleza física y espiritual, nos enseña a defendernos de una agresión física, y sobre todo nos ayuda a encontrarnos con nosotros mismos y mejorar como personas.

Creo que tenemos ante nosotros una valiosa forma de vivir que puede aportar grandes cosas a nuestra sociedad, las Artes Marciales puede ser una manera de encontrar la libertad.

Luis Santos

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