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REFERENCIAS HISTÓRICAS DEL ORIGEN DE KARATE-DO
Material proporcionado por el instructor Néstor Vinagre
Rastrear el origen del arte del Karate ha sido tarea de muchos estudiosos en el tema. Todos ellos, sin excepción, se han encontrado con la dificultad de contar con registros claros sobre el tema. El camino tomado, entonces, fue el de trazar un posible camino evolutivo de lo que hoy conocemos como Karate-Do basándose en desperdigados datos.
No cabe duda que el hombre
ha debido defenderse desde sus remotos orígenes. Ya sea de depredadores u de
otros hombres, desde siempre debió contar con algún recurso para proteger su
vida. Hay evidencias muy antiguas de formas de lucha como por ejemplo algunas
pinturas de hace unos 10.000 años halladas en Albacete, España en las que se
puede interpretar a hombres luchando o restos de la cultura sumeria de hace unos
3.000 años que mostrarían algunas técnicas refinadas de
combate.
No obstante lo dicho, la
mayoría de los estudiosos del tema han centrado su atención en la cultura
egipcia ya que allí se han encontrado los rastros más antiguos de sistemas de
lucha técnicamente evolucionados. Restos de inscripciones de hace unos 4.000
años, revelan entrenamientos de combate. También en Egipto, en el templo Beni
Hasan, en un valle que queda entre El Cairo y Luxor, hay murales que muestran
técnicas más refinadas de combate que datan del Imperio Medio (2040-1660 a.C).
Se cree que estas técnicas llegarían a Grecia.
En los antiguos juegos
olímpicos griegos, las competencias de combate había tres modalidades. Una era
la lucha (raíz de la actual lucha grecorromana) que se caracterizaba por sus
técnicas de llaves, agarres, volteos y por la prohibición de golpear al
adversario. Este sistema estaba, en lo técnico, altamente desarrollado.
Otro de los tres sistemas
era el pugilato, en un principio se compitió con las manos desnudas y más tarde
se adoptarían una especie de guantes protectores.
El tercer estilo de combate
era el pankration, que puede describirse como una combinación de lucha y
pugilato.
Estas formas de lucha
practicadas en Grecia, pasarían más tarde a Roma y con la extensión del Imperio
Romano pudieron influir en sistemas marciales de otras regiones. Alejandro
Magno, alrededor del 300 a.C., llevó el pankration hasta la India.
En India, la clase guerrera denominada Ksátriya o Chatria practicaba un arte marcial sin armas llamado Vájramusti, en el que el uso de los puños era muy importante. Más tarde, estas técnicas influirían en las artes marciales de China.
Los primeros rastros históricos del arte marcial en China, proceden de la dinastía Chou (siglos XI y III a.C.). Se atribuye a un médico chino la creación de ciertos ejercicios físicos desarrollados a partir de la observación de algunos animales y que sentaría las bases para algunos sistemas autóctonos de China que, junto a técnicas llegadas desde India, formarían lo que se conocería como Chuan-Fa (Kempo, en japonés), término que significa Ley del Puño.
Alrededor del año 520 d.C. un monje budista de India llamado Bodhidarma (Daruma Taishi, en japonés) llegaría a China para enseñar su doctrina. El lugar escogido fue el Templo Shaolin (Shorinji, en japonés), en la actual provincia china de Honan.
Bodhidarma provenía de la clase guerrera de India, lo cual significa que poseía conocimientos en el arte marcial propio de esa casta. Enseñó su doctrina a los monjes del Shaolín a través de dos métodos: uno meditativo y el otro físico, basado en movimientos marciales. Estas enseñanzas más tarde se fusionaron con técnicas propias de China y se transformaron lo que luego se conocería como Shaolín Zu Chuan Fa y se extendería por el resto de Oriente para ejercer una poderosa influencia en otras técnicas para culminar en la formación de las distintas artes marciales como las conocemos hoy día. Por ejemplo, el Shaolín Zu Chuan Fa, ejercería un determinante efecto en la formación del arte del Karate en la isla de Okinawa, Japón.
Cortesía infomarcial.com.ar
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