Shodô

SHODÔ

Si el mes anterior dediqué esta sección al Bunbu, quiero en el actual reconducir este texto hacia una actividad totalmente relacionada con la escritura, el Bun, que es el arte de la caligrafía. La caligrafía (Shodô) ocupó antiguamente una posición importante en las Bellas Artes japonesas. Fue muy considerada en la sociedad tradicional de los samurai, sociedad de amantes de las actividades artísticas, incluso fue considerada, en épocas pasadas, la posibilidad de realizar una bella escritura como una virtud moral.

En el libro de Nitobe sobre el código de honor de los samurai se puede leer: "el plan de estudios de los samurai, según la pedagogía del Bushidô, era el siguiente: esgrima, ejercicio con el arco, jujutsu, equitación, manejo de la lanza, táctica, caligrafía, moral literatura e historia".

En la caligrafía se manifiesta el espíritu del Zen y de las corrientes filosóficas japonesas enmarcadas en el concepto Dô (vía/camino). El Shodô es un arte plástico pero que está relacionado con las artes marciales tradicionales, en sus principios básicos. La caligrafía es una de las formas más puras y directas del Dô. Al igual que de la katana el samurai opinaba que era la prolongación de su cuerpo y de su espíritu, para el practicante de Shodô, el pincel, flexible a diferencia de las armas de los samurai, es la prolongación casi viva de uno mismo. Como se puede leer en el Hagakure: "La habilidad en la caligrafía depende del espíritu y de la energía con la que se ejecuta".

Ya desde la antigüedad se creía que una persona utilizaba su pincel de tal forma que indicaba con mucha claridad su sensibilidad, su educación, su personalidad y su espiritualidad. La caligrafía de cada uno era como una tarjeta de visita que no indicaba quién era, sino cómo era, a pesar de que sus títulos, la ropa o las maneras de expresarse, proyectasen un envoltorio hipócrita.

El trazo del pincel (kaku) ha de ser fluido y natural, se realiza a pulso, sin apoyar el brazo en ningún sitio. Cada kaku surge de la mano sin violencias, no pueden hacerse correcciones. Pero si la imperfección de un trazo es fruto de la auténtica espontaneidad, posee un valor subrayable, irrepetible; si se hiciese la corrección, esta enmienda saltaría a la vista al secarse la tinta, dándole una penosa sensación de artificialidad. Por eso las salpicaduras ocasionales, la irregularidad del grosos del trazo, no hacen desmerecer la obra. El que no tiene cabida, de ninguna de las maneras, en el arte de la caligrafía, es la falsedad o la manipulación del acto creativo. Cada kaku es un testimonio del genio, cada kaku es la proyección del espíritu en el papel. Un trazo, por su concentración, no por su violencia, es como un atemi o un corte con el sable. Todo el ideograma entero (kanji) es como el ejercicio de un kata. Un ejercicio de conciencia, de concentración, de voluntad espiritual, en el cual se transmite el estado de ánimo. Es este el objetivo del Shodô, mostrar la concentración, el espíritu y el estado de ánimo de su practicante, hay el convencimiento que el arte de la caligrafía (Shodô) es un espejo de la esencia de cada persona.

La caligrafía japonesa está enmarcada dentro de una estética Zen, muy alejada de la estética detallista y amante de la perfección de otra filosofía y culturas. Los kanji plasmados en el arte de la caligrafía no son perfectos, todo lo contrario, incluso algunos están inacabados siguiendo los conceptos Zen de sencillez o aquellos que han sido trazados con pinceles gruesos traslucen el espíritu rústico, es la estética tradicional Zen y por extensión de los samurai, y desemboca en las artes marciales tradicionales y en las artes plásticas tradicionales japonesas. En el Shodô como en las artes marciales, por niveles denominados Dan (grado).

Para efectuar una caligrafía, dentro del arte del Shodô, se puede trazar ideogramas aislados o bien frases, poemas fragmentos literarios, pero en todo caso la caligrafía por si misma subraya la fuerza o el espíritu del texto.

 

Autor: Pau-Ramón Planellas, delegado Nippon Budo In Seibukan, imparte sus enseñanzas en el Dojo Shintaikan situado en la calle Abat Odón, 71 (08030) Barcelona, Telf. 933 454 994, móvil: 696 085 959. E-mail.

Publicado: El Budoka, Marzo 2005

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