DÔJÔ

Las Artes Marciales tradicionalmente se practican en lugares convenientes para dicho cometido. Estos lugares se denominan Dôjô, literalmente "el lugar de la vía", o, en una interpretación más ampliada, dôjô es el lugar donde se busca la vía o camino. La denominación dôjô aparece en el Japón con la introducción del Budismo Zen, en el siglo X. En la terminología budista se designa con dôjô, en los templos, la sala de lectura y estudio espiritual, lugar dedicado a las practicas inherentes a la meditación Zen (Zazen).

Los dôjô tradicionales de Artes marciales recogen la herencia de los dôjô budistas y los convierte en un lugar dedicado a la práctica de la vía marcial. Es el deber (giri) de cada alumno, honorar y seguir esta enseñanza con sinceridad (makoto).

Por las razones históricas y funcionales, el Dôjô es un lugar respetado por los japoneses, sean o no sean practicantes, y obviamente debe ser respetado por aquellos que buscan mejorar con los conocimientos, físicos o espirituales, que le proporcionará el estudio en una sala tradicional. Igualmente en el Dôjô, por su origen, se impone a la vez silencio, respeto y el rigor necesario para conseguir un clima de austeridad y de paz profunda, elementos necesarios para evolucionar positivamente en la vía de las Artes Marciales tradicionales, pero que al fin y al cabo proporcionará el ambiente necesario, junto el control y la concentración, para erradicar las lesiones.

El dôjô de una escuela dedicada a la difusión del Budô es sobrio, un modesto lugar, desosegada y natural dignidad; es una construcción específica, una sala espaciosa o simplemente una pequeña habitación, pero con capacidad adecuada. Los responsables del Dôjô han de cuidar

que siempre esté limpio y que el orden predomine y para ello los usuarios del dôjô han de colaborar en el mantenimiento de dicho orden y ayudar en la limpieza, empezando por no introducir en él nada que pueda ensuciarlo. La decoración interna de un Dôjô debe estar impregnada de Sabi (estado del espíritu en relación con la belleza interior y la soledad) y Wabi (estar a gusto entre las cosas sencillas y sobrias); sobretodo en la decoración de las paredes. Dicha decoración debe estar limitada a lo esencial para que ningún elemento pueda distraer los sentidos durante la práctica.

Las normas de etiqueta tradicional ofrecen a cada pared una función bien definida. Los Dôjô tradicionales tienen una pared principal, de honor, denominada Kamiza, Shinden o Shomen, según sea la naturaleza de la parte principal de este lugar de honor.

Esta pared principal tradicionalmente está exenta de puertas o de decoraciones superfluas, la austeridad que reina en el Dôjô en general en este lugar se radicaliza. Los otros tres lados del dôjô también tienen una función determinada. A la derecha de la pared honor se denomina Joseki (lugar superior) y está reservada a los profesores e instructores, tanto en la ceremonia de salutación como para practicar. Igualmente este lugar en algunas escuelas tradicionales se utiliza para ubicar el tribunal en los exámenes. El lado izquierdo, de la pared principal, se denomina Shimoseki, está reservado a los debutantes en el momento de la práctica.

La pared opuesta al Kamiza se denomina Shimoza (pared inferior), que está reservada para situar la puerta o la entrada al dôjô, y en la ceremonia de salutación está reservado este lugar para los alumnos por orden de grados de derecha a izquierda, los más elevados en la derecha. El espacio fuera de la zona de práctica del dôjô se denomina Hikae Seki (lugar de espera).

El dôjô tiene que ser considerado como un templo a la gloria del espíritu, un lugar donde tiene que ser protagonista el silencio, la armonía y la felicidad. En el dôjô debe existir un ambiente de mutua y absoluta confianza, sin la cual ningún progreso técnico, físico o espiritual no puede tener lugar.

Autor: Pau-Ramón Planellas, delegado Nippon Budo In Seibukan. Representante del maestro Kai Kuniyuki. Imparte sus enseñanzas en el Dojo Shintaikan situado en la calle Abat Odón, 71 (08030) Barcelona, Telf. 933 454 994, móvil: 696 085 959. E-mail.

Publicado: El Budoka, Junio 2005

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