LOS EXAMENES

Extraído de: "AIKIDO, Etiquette et Transmission; Manuel a l'Usage des Professeurs", Tamura Nobuyoshi. Les Éditions du Soleil Levant 1991, pg 94-96.

El Jurado
* Siendo el único responsable el jurado soporta la entera y soberana responsabilidad de sus decisiones. Por lo tanto, debe decidir de manera justa e imparcial para no dar pie a la crítica.
** El examinador debe pues ponerse en el lugar mismo del candidato y juzgarlo con este espíritu.
*** El examinador debe ser apto para juzgar con grandeza de alma, y esta tarea no corresponde sino al hombre capaz de emitir un juicio íntegro, lo que quiere decir que no debe ser solamente una persona de talento sino también de gran experiencia.

Actitud durante los Pasos de Grado
                  Es evidente que la actitud adecuada en el momento del examen debe ser enseñada con anterioridad por los profesores. La única razón de ser de los exámenes de Kyu o de Dan en Aikido es la de poder apreciar uno mismo la medida de nuestros progresos técnicos a la vez que del nivel mental adquirido en un arte donde no existe la competición. Lo verdaderamente importante es poder manifestar enteramente los resultados de la propia práctica cotidiana, en el sentido de la unidad del Ki, del corazón (kokoro), del cuerpo y de la técnica. En el momento del examen, las técnicas se encadenan con rapidez, precisión y potencia: la potencia del cuerpo debe expresarse sin interrupción, tanto en resistencia como en capacidad de sufrimiento. La calma y lo intrépido del corazón deben animar una ejecución técnica de una precisión meticulosa. Sin miedo, sin vacilación, sin altanería, cada gesto debe efectuarse en la total unión del cuerpo y del espíritu. Es bueno, con esta perspectiva, orientar la práctica cotidiana hacia esta unión total, lo que permitirá en el momento del examen, sin cambio alguno con respecto al ejercicio ordinario, estar distendido, relajado y guardar el gesto amplio sin dejarse distraer por nada en absoluto. Hay que permanecer libre.

            En el momento de proclamar los resultados de los exámenes, he oído decir que algunos se sentían vejados. ¡Se trata de una conducta inconveniente e inconcebible que sería preferible silenciar¡

           Si habéis sabido expresar los resultados de vuestra práctica diaria de forma plena y entera, aunque suspendáis debéis consideraros satisfechos. Habiendo pasado un examen con brillantez, si no habéis satisfecho esas condiciones de las que sois la última instancia, el único juez, no os enorgulleceréis de ello. Suspender y echar la responsabilidad sobre el tribunal os sitúa en el más bajo nivel: ¡no esperéis comprender nunca nada de nada en Aikido si os empeñáis en actuar así¡ Pensar que el jurado es parcial es la prueba de que vuestro corazón es parcial. Hay que agradecer al jurado que os ha indicado los aspectos negativos de vuestra indumentaria, de vuestra técnica, antes que odiarlo pensando que no entiende nada de Aikido. Y si, por extraordinario que parezca, el jurado no entendiera verdaderamente nada...¿debería esto cambiar en algo vuestro trabajo? E incluso si no habéis comprendido por el momento las intenciones del jurado, llegará un momento en que comprendáis que gracias a este fracaso momentáneo, habéis trabajado más y que vuestra técnica y vuestro espíritu han progresado por ello. Seguramente se lo llegareis a agradecer a este jurado que os habrá permitido evolucionar sin orgullo y sin auto satisfacción. Es, según creo, este estado de espíritu lo que manifiesta el "wa", la armonía y la paz, de la que hablaba O Sensei. La paz no reside solamente en uno mismo, no puede existir más que al mismo tiempo "en" y "alrededor" de uno mismo.

       El Aikido es una espada de dos filos: cuando cortamos al adversario en dos, hay que saber que nos cortamos a nosotros mismos en dos. Si dejamos de vivir al adversario, nos salvamos a nosotros mismos. Lo que quiere decir que no hay que establecer la dualidad adversario/uno mismo. Tomemos como ejemplo el caso de un jurado total y absolutamente parcial e injusto. Incluso un jurado así, si está bajo el encanto, no encontrará nada que desdecir de un buen examen: es en este estado de espíritu en el que os tenéis que presentar. Si a pesar de todo fracasáis, no os dejéis abatir. Aprovechadlo para mejorar vuestros defectos. Manteneos derechos y dignos, sin guardar rencor a quien quiera que sea y probablemente el jurado que os ha suspendido sentirá vergüenza. Si recibís un grado que no merecéis, sabed que no lo habéis recibido más que para indicaros que toda posibilidad de evolución os está desde ahora en adelante vedada. Por el contrario, que un grado os sea negado debe ser interpretado como la petición que se os hace de un trabajo más profundo para el que tenéis plena capacidad.

Actitud del Candidato que ha aprobado su examen de Dan
       Toda persona se alegra de pasar satisfactoriamente un examen de Dan. Lo que no es una razón para salir del Dojo sin saludar o abrazarse felicitándose sobre los tatami, actitud que no podemos alentar. Pasar un grado o ganar una competición son dos actos de naturaleza bien distinta. La primera de las cosas que hay que hacer es dar las gracias a los miembros del jurado, después al propio profesor y a los sempais, siendo a partir de este momento cuando podemos compartir nuestra alegría con los amigos. También en Francia al comienzo de mi estancia allí, los practicantes que acababan de pasar su examen, ofrecían a sus profesores una pequeña fiesta en un bar y no dudaba en descorchar una botella de cava (champagne). Incluso cuando yo era uchi-deshi, las personas de educación tradicional ofrecían al maestro, a sus sempai y a los amigos practicantes, una comida de agradecimiento.

           Claro está, que para los jóvenes puede existir una dificultad material, pero ¿no habría ningún medio de hacer por lo menos la intención y de ofrecer, por ejemplo, un aperitivo para señalar la ocasión? Y si todavía esto fuera mucho, lo menos que uno puede hacer es dar las gracias. Es seguro, que el haber podido pasar de grado se debe al trabajo, a los esfuerzos y a la disposición personal, pero no hay que olvidar por ello, la ayuda recibida del profesor, de los sempai y los estímulos de los camaradas de trabajo.

             Es preciso pues educar a los alumnos en este sentido. Es bueno escuchar las observaciones sobre nuestra propia actitud en el momento del examen y el pedir al opinión del propio profesor y de los compañeros más antiguos para hacer de ello una base de trabajo.

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