BUDO Y SOCIEDAD
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La práctica de toda Arte Marcial precisa de un procedimiento que podríamos denominar, en cierta manera, “iniciático”, en tanto en cuanto aunque el potencial neófito acude en busca de enseñanzas por unos diversos motivos premeditados, no toma plena conciencia de la “vía” que se le extiende ante sus ojos hasta el momento posterior de su debut en la práctica de las Budo. Normalmente, el practicante aprecia de forma progresiva que aparecen ampliadas todas sus expectativas y paralelamente, además, se revelan toda una serie de objetivos más profundos que le llevarán a continuar y profundizar en los entresijos de su Arte. Sin duda alguna, la primera transformación y evolución es de carácter individual. Se ha escrito muchísimo y bien sobre los beneficios que toda práctica marcial aporta al ser humano. Desde el control conductual hasta el conocimiento personal, todo se orienta hacia una “remodelación” de aquello que existe de positivo en el individuo, generándose una verdadera “transmutación” del ser, filosóficamente hablando. Pero hay otro plano que, gradualmente, adquiere una enorme importancia y dimensión, y que con el paso del tiempo, el Budoka valora como esencial y inherente a su Arte: su interacción con la realidad exterior que le rodea. Es por ello que las Artes Marciales deben representar. |
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a) Un
método de relación personal. b) Un método de dinámica de grupos en el interior
del Dojo. c) Un método organizativo. d) Un método de introspección. e) Un método
de trabajo filosófico. f) Un método de educación de actividades vitales y
sociales. g) Un método de interiorización de valores. h) Un método unitario de
posiciones ideológicas diversas. i) Un método de crecimiento personal. j) Un
método de puesta en común y respeto.
La esencia de las Budo
y su implicación social podría en sí misma intentar condensarse en los
siguientes puntos fundamentales:
1.- El inicio en la
práctica marcial abre un proceso de aprendizaje psicológico, a parte de su
aplicación en la praxis de orden físico.
2.- La iniciación a
través de un Do, sea el que fuere, no tiene por qué ser un camino de salvación
de carácter religioso o esotérico, sino un proceso de auto-conocimiento y, como
tal, es compatible con toda fe religiosa o esotérica que no anule la libertad
del individuo.
3.- Las Artes
Marciales no son el único método de crecimiento interior, sino que representan
uno más, en sus diversas formas. Existen otros, en cuanto que provocan un
aumento de la conciencia del individuo, una nueva y más responsable actitud ante
la vida.
4.- Algunas de las
diversas artes Budo conservan sus rituales y ceremonias. Ahora bien, el pasado,
presente y el futuro de las mismas (incluyendo las que podríamos denominar
modernas o no tradicionales), son el fruto de una decantación histórica y todas
merecen el máximo respeto y consideración.
5.- Las Artes
Marciales no deben imponer una unidad ideológica a quien la practica, sólo dotar
de un marco axiológico general que admite y exige el pluralismo en su interior.
6.- El Dojo (e incluso
el Ryu) no es un grupo de presión.
7.- El Ryu no da
consignas a sus miembros que condicionen sus vidas privadas o su actividad
profesional.
8.- Las diversas
Escuelas Marciales no deberían hacer un proselitismo crítico con otros Ryu, si
bien es cierto y lícito que pretendan ampliar su número de miembros y gozar de
la libertad para dar a conocer su existencia.
9.- Todo Artista
Marcial, por el simple hecho de serlo, debería intentar vivir y actuar como un
ser humano ejemplar.
10.- Las Artes
Marciales no son una secta, ya que no buscan la sumisión de sus miembros a
ningún gurú o líder, sino que, por el contrario, ofrecen a sus practicantes un
camino para mejorarse a sí mismo.
11.- La Vía Marcial
implica racional y emocionalmente a sus practicantes, apelando a su parte
activa-racional-consciente y también a su parte interna-afectiva-inconsciente.
12.- El Ryu no es un
sindicato de intereses ni una sociedad mutualista, a pesar de que pueda
comprometerse a ayudar a sus miembros en la medida de sus posibilidades y dentro
de lo que es lícito.
13.- El Dojo no es un
club social, aunque en su entorno puedan nacer vínculos de amistad personal y de
relación social.
14.- Las Artes
Marciales deben adherirse al valor de la libertad y del respeto de los Derechos
Humanos.
15.- Aunque la esencia
marcial no sea lógicamente mercantil, sus Dojo lógicamente pueden pretender
poseer la suficiencia económica necesaria para el desarrollo de sus actividades.
16.- El Dojo es la
base y marco del trabajo Marcial.
17.- Las Artes Budo
deben propugnar unos valores generales de respeto.
18.- Las Declaraciones
de Derechos y de Deberes Humanos son referencias axiológicas esenciales para
cualquier Escuela de Artes Marciales.
19.- El practicante de Artes Marciales debería contribuir a hacer del mundo un
lugar donde sea posible “la Paz, el Amor y la Alegría”.
Espero que estos sencillos puntos expuestos actúen como base de reflexión para todos los que desde un plano docente o simplemente, como practicantes, nos impulsen a mostrar la belleza y calidad de nuestros auténticos fines a un entorno social que, frecuentemente, todavía nos desconoce y se muestra reticente a comprendernos.
Publicado: El Budoka, Editorial Alas, Enero 2007