Emisión de radio: El movimiento universal, el Aikido y la Paz

El movimiento universal, el Aikido y la Paz

TRATARE DE EXPLICAR COMO SE AÚNAN,   EL MOVIMIENTO UNIVERSAL, EL AIKIDO Y LA PAZ Y ASÍ,  INTENTAREMOS  ENTENDER UN POCO MAS, LA RELACIÓN DE  ESTAS TRES PALABRAS QUE PARECEN TAN DISTANTES ENTRE SI,  PERO QUE ESTÁN PODEROSAMENTE UNIDAS A TRAVÉS DEL FLUJO DE LA ENERGÍA.

 

Para ello voy a basarme en un escrito de GEORGE LEDYARD  6º DAN de AIKIDO  y  PROFESOR DESE HACE MAS DE  30 AÑOS EN EEUU Y CANADÁ,  al que me he permitido  realizarle algunos cambios a efectos de hacerlo mas entendible,  además de  arreglos debidos quizás por la diferencia de modismos lingüísticos entre el traductor y nuestra forma de expresarnos en Argentina.

Lo único que está completamente asegurado en este mundo, es el cambio.   

El cambio es constante, imparable. Todo el Universo está en constante movimiento.    

A cada instante se crean estructuras y desaparecen estructuras. Y, sin embargo, nada es separado, nada existe aislado de la Totalidad.    

El problema fundamental de la humanidad es que muy pocas personas llegan a entender verdaderamente este hecho.     

Los que lo hacen son llamados “espirituales”, “santos” o iluminados.     El resto de nosotros pasamos nuestras vidas empecinados en actuar “como si” realmente fuéramos individuos separados.

Queremos aquello que es estable, previsible.      No nos molesta un poco de cambio, siempre y cuando no sea rápido ni demasiado drástico.

Pero básicamente los seres humanos tienen la creencia de que lo que ellos poseen   es de alguna forma permanente.     

Esta es una de las causas esenciales de los conflictos.    Queremos proteger lo que tenemos, queremos confirmar nuestra visión del mundo porque la simple idea de que lo que pensamos,  que creemos y que “sabemos”,  puede no ser real, abriría las puertas al caos.

Si lo que creemos no es necesariamente cierto, el sentido de nuestra propia existencia se ve desafiado.

Los  seres humanos se han asesinado en innumerables guerras o conflictos   por problemas que la mayoría hoy no recuerda.

Hoy, algunas comunidades comparten ostentosamente la misma fe,  pero participan en carnicerías entre ellas por diferencias que salieron a la luz por primera vez hace más mil años y que nadie fuera de su religión considera importantes.

Nos matamos los unos a los otros por el color de nuestra piel, por la menor de las injusticias, por la más vaga percepción de amenaza.

¿Qué se encuentra en el corazón de la violencia?     Miedo; simple y puro, miedo.     

No importa cuan complicado sea el razonamiento detrás de la lucha de un individuo o de una guerra a escala mundial,  la causa raíz siempre es el miedo. ¿Miedo a qué,  nos podemos preguntar.?

En realidad, miedo a todo. Si esencialmente no podemos aceptar la naturaleza de la realidad, entonces casi cualquier aspecto de la realidad, puede hacernos recordar aquello que estamos tratando de no reconocer.

Preferimos hacer una guerra para proteger un estilo de vida que es insostenible.  ¿Por qué? Por miedo. Los ricos temen perder sus riquezas. Los pobres temen volverse más pobres. Vemos algo que alguien más tiene y nosotros tenemos miedo de que ellos sean de alguna forma “más” y nosotros “menos” por no tenerlo.

De lo que es crucial darse cuenta respecto a la naturaleza del universo es que el todo existe en equilibrio.

El cambio es constante, todo dentro del sistema está en constante movimiento,  pero el todo está en equilibrio.

A nivel energético, si algún elemento del sistema va a un extremo, otro irá al extremo opuesto.

De hecho se crean uno al otro.    Es en el centro donde uno encuentra equilibrio.   Aunque la posición del “centro” cambia constantemente, siempre existe un punto de equilibrio en el sistema. Si uno está interesado en cómo vivir con la menor cantidad de conflictos que sea posible, es el centro lo que uno debe encontrar.

Una de las verdades esenciales revelada a través de milenios de experiencias espirituales es que el microcosmos es un reflejo directo del macrocosmos.

Todo el conflicto que vemos hoy en el mundo existe dentro de cada individuo. De hecho, es el conflicto dentro de los miembros individuales del conjunto que producen el conflicto que uno ve en el mundo.

Si la gente entendiera cómo encontrar el “centro” dentro de sí mismos que les permita saber donde están y quienes son sin importar hacia donde soplen los vientos de cambio, no habría conflictos, sólo movimiento.

¿Pero qué tiene que ver esto con el entrenamiento en artes marciales? ¿Cómo es posible que el entrenamiento en las artes de destrucción tenga algo que ver con crear Paz y eliminar las causas de los conflictos?   

Las artes marciales fueron desarrolladas como herramientas para los conflictos, un resultado directo del miedo del que hemos estado hablando. Es muy posible entrenar con la intención equivocada y volverse simplemente bueno en derrotar a otras personas.

Sensei Saotome, primer Maestro del autor  de esta nota, decía que si uno sólo domina las técnicas de pelea sin encontrar el equilibrio necesario para deshacerse del “lado oscuro”, uno se vuelve un simple matón.

Algunas de las artes marciales japonesas modernas son deportes.

La competencia es el componente principal de su práctica.

Originalmente, la competencia no era sobre ganar y perder, trofeos y campeonatos, sino que se llamaba shiai. En japonés esto quiere decir perfeccionarse probándose a uno mismo contra alguien más,  para beneficio mutuo.

A medida que muchas artes se han concentrado más y más en ganarle al oponente, se perdió este sentido del entrenamiento para pulir el propio espíritu.

Algunas artes como el Aikido, no se han convertido en deportes. No hay competencias y la práctica se enfoca completamente en perfeccionar el arte y como co-producto de buscar eso, se perfecciona el propio carácter.

La mayoría de los maestros  han pasado gran parte de su vida adulta tratando de entender este arte. Nunca, ni por un instante, es aburrido.

Lo que se vislumbra la primera vez que uno ve Aikido,  es un  arte que parece sin esfuerzo. La energía es misteriosa, los movimientos hermosos. pero el arte no parece sobre pelear… de hecho, se ve falso.

Pero el  Aikido fue creado específicamente para dar estas lecciones, no son sólo un co-producto de aprender a pelear. Si algo es el  Aikido,  es aprender a no pelear.   

A pesar de lo dicho y la manera en que muchos pueden tomarla,   Aikido es una forma muy eficiente de auto defensa.  

Pero es un arte cuyos principios involucran la conexión como fundamento de toda defensa.

Cada técnica de Aikido involucra crear un canal de comunicación con el atacante y una completa aceptación de este ataque.

Se basa en la  relación y la sensibilidad, términos que normalmente no asociamos con pelear.

El entrenamiento en Aikido requiere que uno enfrente las cosas a las que les tiene miedo, empezando simplemente con el miedo a ser lastimado y el miedo el dolor, pero más adelante todos los miedos… el miedo al fracaso, el miedo a la desaprobación del maestro, miedo a no verse bien, etc.

 El Aikido está diseñado para traer a la luz lo mejor de uno mismo, pero el entrenamiento también te mostrará todos los asuntos sin resolver con los que todavía te falta lidiar.

Muchas personas empiezan a practicar artes marciales por sus miedos y debilidades. De hecho, el número de personas que practican artes marciales y que empezaron su vida como chicos enfermos o que tuvieron alguna experiencia temprana traumática es sorprendente.

Estas personas empezaron tratando de volverse invencibles.

Ser tan fuertes que nadie pueda hacerles sentir miedo o indefensos de nuevo.

Muchos practican por estos motivos. Si no encuentran al maestro indicado, o el arte indicado, pueden pasar toda su carrera en las artes marciales, usando el poder y el conocimiento que desarrollaron para esconderse de las flaquezas que experimentaron en sus comienzos. Estas personas no superaron sus miedos ni los aceptaron, los encubrieron y escondieron en el fondo, empapelados con la ilusión de poder.

El fundador de Aikido fue un místico. Su explicación de los fundamentos espirituales del arte era difícil de entender.  

Uno de sus principios básicos era que “todos somos parte del todo”. No hay separación real entre nosotros.

El conflicto es causado por la ignorancia de este hecho, lo que nos permite actuar “como si” fuéramos separados.

Él sabía que todos estamos íntegramente conectados, piezas en movimiento dentro del todo, pero de ninguna manera separados del todo.

Las técnicas de Aikido están basadas en este entendimiento.

Cuando uno se para en frente del compañero en entrenamiento, lo primero que se hace es establecer una conexión mental entre ambos. Esto es colocar la “atención” en el compañero. Esto hace que la conexión entre ambos pase a nivel consciente.

Si se puede permanecer relajado y conectado de esta forma (sin miedo), se puede estar en sintonía con el compañero, a tal punto que es imposible que él empiece a moverse sin sentir como se forma la idea de atacar. Es como si se lograra un equilibrio entre ambos que asemeja una vieja balanza

Si se logra el equilibrio, y ambos lados de la balanza son iguales, entonces el más mínimo cambio de un lado de la balanza se verá reflejado del otro y exactamente en la misma proporción.

Si uno puede relajar la mente lo suficiente, como para callar el diálogo interno y calmar la necesidad de tener miedo y atacar o huir, se puede lograr esta conexión con el atacante/compañero.

Cuando empieza a iniciarse el ataque, en lugar de tener que preocuparse por la rapidez de la respuesta, uno ya está en movimiento.

La velocidad no es un factor fundamental ya que uno se mueve en el momento correcto.

El movimiento de la Mente debe preceder cualquier acción.

Es el movimiento de la Mente el que mueve el cuerpo. Si uno está conectado a este nivel con otra persona se vuelve casi imposible que ellos se muevan más rápido que la capacidad de respuesta.

De hecho, sería correcto decir que uno no está respondiendo.

Uno ya está ahí, en el centro del atacante con la mente antes que él empiece siquiera a atacar.

Hacer esto es a la vez simple y muy difícil.

Es simple ya que las habilidades motrices involucradas en la aceptación y en la unión con el ataque físico no son para nada complejas. Pero la relajación de la mente que se requiere es muy difícil de lograr.

La mayoría de las artes marciales convencionales se centran en derrotar al atacante. Son esencialmente dualistas en su enfoque.

El atacante es el enemigo y debemos derrotarlo.

Para ellas,  la única forma de restaurar la armonía del sistema cuando hay conflicto, es eliminar el conflicto derrotando al enemigo.

En las artes Aiki,  se logra la defensa dejando que el atacante se derrote a sí mismo.

Uno utiliza la conexión con la conciencia del atacante para mover su mente de manera que mueva su cuerpo. No debe haber esfuerzo físico para forzar la técnica. Si tratas de moverlo no se moverá o se necesitará una aplicación de fuerza muy superior para moverlo. Así que, reitero, movemos la mente del compañero para que su mente mueva el cuerpo hacia donde uno quiere.

¿Pero qué tiene que ver esto con la no-violencia y la Paz?

Todo… Uno nunca será capaz de estar en paz con los demás hasta que no esté en paz consigo mismo.

La tensión que crea el miedo hace imposible lograr la conexión física del ataque necesario para hacer la técnica con Aiki.    Uno debe seguir lidiando con estos miedos y progresivamente dejarlos ir para poder ser capaz de progresar en el arte.

Mientras se tengan esos miedos, cada vez que se realiza  una técnica se esta insistiendo en forzar las cosas, y entonces no deja  que simplemente la energía,  encuentre su propio camino.

En el entrenamiento de Aikido aprendemos a dejar de lado nuestros miedos y nuestra necesidad de forzar las cosas, según nuestra visión para sentirnos seguros.

La seguridad de hecho reside en el conocimiento de nuestra conexión esencial.

Si disminuimos a alguien más, nos disminuimos a nosotros mismos. Tal vez no en forma inmediata, pero en algún momento vuelve a nosotros.

Si mejoramos a alguien más, nos mejoramos a nosotros mismos, al menos algún día.

Es cierto que el hecho que una persona decida entrenar en Aikido no va  a cambiar el mundo en una forma observable inmediatamente. Pero si esa persona lleva sus visiones al mundo, puede influenciar a muchos más. Cuando la verdad se encuentra delante de nosotros es muy persuasiva. Reconocemos intuitivamente que hay un poder en la verdad, que no se encuentra en las mentiras que nos decimos constantemente a nosotros mismos.

¿Cuántas personas se necesitaría, que empiecen a actuar sin miedo

para poder  cambiar como se requiere, en un mundo siempre cambiante. Que entiendan que la comunicación es el principio de la resolución de conflictos… cuántos para que el sistema empiece a cambiar?

Este poder,  es el poder para hacer el bien, para ayudar a la gente a vivir sus vidas… con un poquito menos de dolor y sufrimiento.

Tal vez solo eso es todo lo que puede hacer el entrenamiento. Pero eso es suficiente…  para que valga la pena hacerlo. 

ALFREDO EIMAN

Maestro 6º Dan de Judo

3º Dan de Ju Jitsu

Practicante de

Aikido y su Filosofía