Entrevista a Enrique Echeburúa

"Hay que evitar todo lo que conduzca al odio y al resentimiento"

ENTREVISTA.

Enrique Echeburúa, doctor en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y especialista en Psicología Clínica, materia de la que es catedrático en la Universidad del País Vasco. Es miembro fundador del Instituto Vasco de Criminología. Sus investigaciones se centran en el trastorno de estrés postraumático, la violencia familiar y el juego patológico, los trastornos de personalidad y la clínica forense.

¿El ser humano es agresivo por naturaleza?
Todas las personas son potencialmente agresivas, pero no tienen por qué ser necesariamente violentas. El agresivo nace, pero el violento se hace. La agresividad es la capacidad de respuesta para defenderse de los peligros externos, mientras que la violencia es un conjunto de acciones intencionadas que tienden a causar daño a otros.

¿Se puede prevenir la violencia terrorista?
La familia y la escuela tienen un papel de primer orden, porque en la infancia y en la adolescencia es donde arraigan las actitudes de intolerancia que luego son difíciles de erradicar. La política y los medios de comunicación también pueden hacer mucho para impedir que fructifique la violencia, evitando discursos incendiarios, acabando con la pobreza y no dejando crecer actitudes xenófobas o racistas. En definitiva, evitando todo lo que conduzca al odio y al resentimiento.

¿Existe la preparación psicológica del terrorista?
Sí. Los fanáticos y quienes tienen la autoestima baja, en el ámbito terrorista adquieren un estatus personal que nunca tendrían por otras vías en la vida civil. Al futuro terrorista se le inculca que los culpables de las frustraciones personales y sociales son otros y que esos otros son sus enemigos, sin nombre ni apellidos; sólo son policías, militares o miembros de algunos partidos. Las víctimas se convierten para ellos en seres infrahumanos.

¿Hay una retroalimentación del fanatismo de los terroristas?
Sí. La visión deformada de la realidad que tienen, victimista y cargada de odio, es retroalimentada para contrarrestar el sentir mayoritario de la población. Se da con la existencia de un grupo cerrado, leyendo sólo una determinada prensa, frecuentando los mismo bares y lugares, incluso emparejándose entre ellos mismos.

¿Podemos ser algo más optimistas con el fin de ETA?
Con toda la prudencia del mundo, creo que hay motivos para el optimismo porque existe una mayor resistencia al impuesto revolucionario, por el permanente rechazo de la sociedad y porque, sobre todo tras el horror del 11-M, resulta mucho más difícil de justificar (en el caso de que se pudiera) los actos terroristas.

Concha Roldán.

Publicado: Seminario de Investigación para la Paz, 2005

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