Sin duda la experiencia supera a la formación

MU-KEN CLOSE COMBAT EUROPA

Sin duda la experiencia supera a la formación.

Esta frase puede ser la espina dorsal en lo que a mi concepto se refiere. Siempre he recalcado, tanto en mis entrenamientos como en anteriores artículos, que es esencial ser consciente que hay una gran diferencia entre entrenar y vivir. Entre entrenar en un dojo y vivir una situación real. Por eso exalto la prioridad de entrenar en circunstancias o simulaciones que se asemejen lo máximo posible al combate real a la experiencia vital.

Para explicar o exponer mejor dicho razonamiento, siempre pongo el siguiente símil:

 Si una persona quiere aprender a conducir, lo primero que hace es formarse acudiendo a una autoescuela, estudiando una parte teórica y aprendiendo en cuanto a mecánica y normativa de tráfico se refiere. Una vez superada dicha prueba, pasa a la siguiente fase de formación. En la parte práctica se realiza una primera fase en la cual se realiza la formación en un recinto acotado practicando maniobras básicas de conducción y de aparcamiento. A base de práctica y tiempo una persona se familiariza con el automóvil,  con las maniobras básicas y a través de la repetición de dichas maniobras termina por controlarlas. En la siguiente parte dichas prácticas y dicho control se debe  plasmar realizando la conducción en un entorno urbano, acompañado de un profesor, el cual supervisa y asesora cada movimiento. Tras varias clases el alumno sería apto para presentarse al examen de conducir.

 Llegados a este punto para muchísimas  personas el alumno ya sabría conducir. Para ellos: controlar las maniobras, saber la normativa y tener una noción tanto del automóvil como del modelo de circulación es conducir.

 En cambio para mí esa persona no es un conductor, ya que no se ha enfrentado sólo a la sensación real y a la experiencia “in situ” de conducir. No sabe como desenvolverse en una hora punta, en un atasco, no sabe como conducir con hielo, con niebla, con lluvia. No esta familiarizado con su nuevo automóvil, con los ciclomotores que se cuelan entre los vehículos, con la sensación de cansancio de un viaje largo etc… Y la razón por la cual no sabe reaccionar en estas circunstancias es sencilla; porque no lo ha vivido, no tiene experiencia. Con el paso del tiempo y tras vivir y experimentar cada una de las situaciones que  conlleva la conducción de un vehículo, y a base de sensaciones frustraciones y vivencias, se formará a un nivel pleno. Siendo así un conductor.

 Lo mismo sucede con las artes marciales (desde mi punto de vista). Quizá me puedo pasar años entrenando en un dojo o gimnasio, conseguir una formación máxima en mi estilo, e incluso llegar a ser instructor o profesor. Pero ¿eso significa que sepa desenvolverme en una situación real?, ¿sabría desarrollar o plasmar mi formación en un escenario extremo?, ¿Sabré realmente conducir?

 Lo que intento constatar es que existe una gran diferencia entre: aprender y entrenar (en un dojo o gimnasio) y vivir y experimentar (en la vida real). Aquello que vivamos y experimentemos nos hará aprender y nos reforzará a todos los niveles, no solo a nivel marcial sino también a nivel mental, espiritual y vital.

 Un referente marcial e icono japonés es el gran maestro y Ronin ( samurai sin señor, hombre ola)  Miyamoto Musashi, basaba su vida y entrenamiento en sus experiencias. Su vida errante y su espíritu libre forjaron su leyenda. Sus duelos (a muerte)  le otorgaron una experiencia en el combate insuperable  incluso para maestros de otros estilos y senseis de clanes, que dedicaban su vida al estudio y desarrollo de las artes marciales, los cuales fueron derrotados por un hombre que se enardecía de no tener maestro alguno. Y que evolucionaba su entrenamiento a base de disciplina, psicología, fluidez, observación y experiencia (no solo marcial si no también vital). Sus dojos fueron las montañas y valles del Japón feudal, sus entrenamientos se reforzaban mediante enfrentamientos  o combates reales con otros shugyoshas (espadachines errantes). Miyamoto Musashi es el ejemplo claro de que la experiencia (marcial, en combate y vital) supera con creces a la formación. Gracias a sus experiencias desarrolló una capacidad inusual de observación, crítica, conocimiento (del entorno y del ser humano) y sabiduría (vital y espiritual), las cuales fusionadas a su estilo y su técnica (labrados a base de disciplina y entrenamiento) hicieron de él uno de los guerreros más respetados y reputados de la historia.

 Una persona a la cual admiro y respeto me dijo en una ocasión:” no aprenderás nada, hasta que no lo aprendas por ti mismo. Con el paso de la vida tu llegaras a ser tu mayor maestro”. Fue esa misma persona la que me hizo ver que cuando nos iniciamos en el largo viaje de las artes marciales, confiamos nuestro tiempo, esfuerzo, disciplina y aprendizaje a un sensei. La traducción literal de sensei es: el que ha nacido antes. Por tanto delegamos o confiamos nuestra enseñanza (marcial y espiritual) a un hombre experimentado. El cual compartirá con nosotros y nos transmitirá todas sus experiencias y sabiduría. Completando así el ciclo marcial, mediante el cual el bebió de la experiencia y sabiduría de su maestro, vivió y añadió a lo ya aprendido lo que el experimentó. Transmitiéndonos a nosotros no solo sus enseñanzas sino las de su maestro también.

 Por tanto queda constatado que la experiencia supera a la formación. En MU-KEN intento priorizar esta base, a través de simulaciones y entrenamientos extremos  lo más reales posibles. Para entrenar en las mismas condiciones en las que vamos a vivir, y así experimentar entrenando lo que sentiremos viviendo.

Javier Ruiz.

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