El Arte Marcial. Más que un deporte

El Arte Marcial. Más que un deporte


Dra. Ursula Oberst
Psicoterapeuta y Profesora de Psicología de la Universidad Ramon Llull

Los efectos beneficiosos de la actividad física, practicada regular y adecuadamente, para la salud son muy documentados; menos conocido es su efecto positivo sobre el estado de ánimo. El deporte tiene una clara repercusión en los estados mentales, con un alto potencial antidepresivo; y su efecto a veces es incluso mayor que la psicoterapia o las pastillas. A muchos de los pacientes que veo en la consulta psicológica les recomiendo que practiquen alguna actividad física, de acuerdo con su edad y estado de salud general (previo reconocimiento médico). Y a algunos les recomiendo el karate do.

Veamos por qué:

Las artes marciales orientales tienen mucho en común con otras actividades físicas: aumento de fitness, adquisición de habilidades, actividades sociales, etc. Pero se distinguen en algo muy importante: muchos deportes occidentales potencian la competición y el afán de ganar, mientras las artes marciales asiáticas tradicionalmente ponen su énfasis en el conocimiento, mejoramiento y control de uno mismo.

El arte marcial combina aspectos deportivos con aspectos psicológicos, filosóficos e incluso espirituales. Según el estilo practicado, el aprendizaje incorpora elementos de filosofía oriental, meditación, disciplina y comportamiento ético. Se supone que el alumno debe trasladar estos aspectos no exclusivamente deportivos a su vida diaria. Existen numerosos tipos y estilos de arte marcial de diversos orígenes (Karate, Judo, Jiu-jitsu, Kung-Fu, Taekwondo, para enumerar los más conocidos aquí), y según el país, el estilo y el profesor, se da más énfasis a uno u otro aspecto. En los países occidentales se practica más como deporte, pero se puede considerar también como un “arte”, y como una actividad claramente “marcial” (preparación para la lucha). Esto último está en oposición a lo que dicen la mayoría de las escuelas: el objetivo del entrenamiento no es enzarzarse en una lucha, sino evitarla. En este sentido siempre se ha insistido en que el “do” es un camino pacífico.

De todas maneras, el arte marcial no simplemente es un tipo de deporte. Esta diferencia con las demás actividades físicas le confiere un potencial único para el que las practica: un beneficio no sólo para la salud, sino especialmente para la salud mental.

EFECTOS PSICOLÓGICOS Y PSICOSOCIALES

Las investigaciones científicas sobre la práctica del arte marcial indican que ésta produce efectos psicosociales diferentes (y mayores) a las producidas por otras actividades físicas. Aunque todos los deportes pueden promover el bienestar psicológico, los procesos y efectos no son los mismos en artes marciales y en otros tipos de actividades físicas. En uno de los estudios científicos se comparó la práctica del karate con la de footing y la de pesas; se encontró que una sola sesión de footing o de pesas ya reducía la tensión y la ansiedad inmediatamente después del ejercicio, algo que no pasó con la sesión del karate. Los efectos positivos del karate se producen a largo plazo, pero son superiores a los de otras actividades en cuanto a estabilidad, diversidad y tipo de beneficio: se ha demostrado que existe una relación inversa entre grado (cinturón) o tiempo de práctica y ansiedad, agresión, hostilidad y neuroticismo, y una correlación positiva entre tiempo de práctica y autoestima, autocontrol, independencia y confianza en uno mismo. Es decir, la práctica del arte marcial reduce los rasgos negativos y aumenta los rasgos positivos de la personalidad. También reduce emociones negativas como la rabia y el sentirse vulnerable a una agresión o ataque. Otros estudios incluso hablan de que la persona se vuelve más relajada y emocionalmente positiva (más empática). Estos efectos positivos no son una consecuencia de la actividad física implicada en el arte marcial, sino de los otros aspectos del entrenamiento. Parece que el sistema de aprendizaje que se usa en el dojo, el entorno y la influencia del sensei es muy importante. En otra investigación se compararon las tendencias agresivas de los alumnos de diferentes escuelas de artes marciales; se encontró que en las escuelas en las que se practicaban estilos “tradicionales” (enseñanza de técnicas junto con meditación, respeto, etc.) la agresividad de los alumnos disminuía y su auto-aceptación aumentaba más que en las escuelas que tenían un enfoque más “moderno” (predominancia de técnicas de lucha y combate). El sensei también juega un rol importantísimo en el aprendizaje: actúa como un modelo de rol y guía mediante su ejemplo. ¡Un instructor agresivo producirá alumnos agresivos!

Está claro que el arte marcial debe ser mucho más que patadas, puñetazos y proyecciones: el efecto positivo sobre el funcionamiento psicológico y psicosocial depende de la forma en la que se enmarcan las técnicas...

Contacte con la Dra. Ursula Oberst:  ursulao@blanquerna.url.es

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