El instructor de Karate-Do como formador

EL INSTRUCTOR DE KARATE-DO COMO FORMADOR

Responsabilidad compartida.

Aunque en la práctica del Karate-Do si inician tanto adultos como niños y jóvenes de ambos sexos  las responsabilidades del instructor de esta disciplina son más significativas en el caso de niños y jóvenes, por tratarse de etapas de vida en las que el carácter y la personalidad se encuentran en plena formación. De modo que la influencia del instructor en la formación del carácter de los alumnos que se inician a edades tempranas puede ser determinante o de mucha ayuda.

Es pertinente anotar la diferencia entre Instructor y un Maestro. El Instructor no siempre es un Maestro; en cambio el Maestro es siempre un Instructor. Hay diversos niveles de Instructores, desde el auxiliar hasta el más calificado, desde el que tiene poco tiempo realizando esta tarea hasta el que cuenta con muchos años de práctica en su haber. En todos los casos se trata de cintas negras con cierto grado de vocación por la enseñanza, y merecen en consecuencia reconocimiento y respeto propios de la tradición del Karate.

En la mayor parte de los casos, niños y jóvenes son acercados por su padres a las academias de Karate en busca de una actividad que les posibilite la realización  de un ejercicio de manera organizada, así como la busca de disciplina, atributo con lo que se identifica merecidamente el Karate. Por supuesto hay quienes también se inician atraídos por la divulgación del Karate como método de defensa personal, deformado con frecuencia por personales del cine y la televisión.

No hay que equivocarse, sin embargo sobre los alcances y el grado de influencia que la labor del instructor ejerce en la formación de los alumnos. La influencia fundamental sigue radicando en el hogar. Difícilmente un practicante infantil o juvenil puede asimilar la disciplina que se le trata de inculcar en el Dojo, si en su hogar no se observan normas de disciplina así sean mínimas, para desarrollar y fortalecer mutuamente este trabajo. Caso distinto es el de los adultos, quienes acuden al Dojo por propia voluntad y con plena conciencia de que el Arte Marcial implica, entre otras cosas disciplina.

Por el otro lado, el Instructor puede incurrir involuntariamente en falta de firmeza para inculcar la disciplina, bajo el criterio de que infantes y jóvenes no entienden los beneficios que esta les aportará a su desarrollo personal, permitiendo con ello deformaciones de actitud y defectos técnicos difíciles de corregir posteriormente. Por tanto, el instructor debe confiar en la tradición de los métodos de enseñanza-aprendizaje del karate, basados en la disciplina, la paciencia y el esfuerzo, que rendirán frutos en su momento.

El Instructor se da cuenta de inmediato cuando llega al Dojo un infante o un joven acostumbrados en sus hogares al desparpajo, a la manipulación en su favor de las atenciones de los padres, en suma no acostumbrados a recibir ni obedecer órdenes, así como al desarrollo y práctica de buenos hábitos cotidianos. Este tipo de alumnos tendrá mayores dificultades para similar los métodos y valores del Karate. La costumbre de arrojar la basura en cualquier sitio, o dejar la ropa y el calzado fuera de su lugar, se reflejan en el ámbito hogareño, en la calle, la escuela, en el estadio deportivo o en el Dojo.

De modo similar aquellos infantes acostumbrados a que papá o mamá hagan las cosas por ellos, se verán en dificultades en emprender su propio esfuerzo en el Dojo. Ayudar a corregir este tipo de defectos, y a reforzar los hábitos disciplinarios de quienes ya los tienen es una de las principales responsabilidades del instructor. Pero hay que insistir, si el alumno no se conduce fuera del Dojo con la misma disciplina y en su hogar prevalece la falta de obediencia, respeto y esfuerzo, el trabajo en el Dojo habrá sido en vano.

De esta suerte el Instructor está obligado a aplicar su mayor capacidad para contribuir a la formación del carácter de sus alumnos, a pesar de los obstáculos a los que enfrente. Para alcanzar este objetivo, es responsabilidad del Instructor prepararse y superarse día con día, y evitar la monotonía y la inercia, debe plantearse objetivos individuales y de grupo, y autoevaluarse periódicamente.

Esta no es una tarea sencilla, particularmente en el contexto actual, en el que la sociedad toda está expuesta a la excitación de sensaciones extremas como método de enajenación, así como a la veneración de la ley del menor esfuerzo y la obtención del dinero fácil, todo lo cual genera un ambiente de frustración y apatía.

Adicionalmente, valga decir que le Instructor y el Maestro no son seres perfectos, son seres humanos con defectos y virtudes, que tienen sobre sus hombros esta responsabilidad de formadores, de educadores en un entorno adverso tomando en cuenta que entre los valores formativos que tiene a cuesta están la humildad, el honor, la lealtad, la disciplina y la superación constante a través de la reflexión y el esfuerzo.

Finalmente, hemos de señalar que uno de los mayores retos a los que enfrenta en Instructor, consiste en lograr que sus alumnos comprendan cabalmente que la práctica y el dominio de las técnicas del Karate, van más allá de la práctica deportiva, y tienen como finalidad el conocimiento de si mismo, de las debilidades y fortalezas propias, la capacidad de corregir los defectos propios, y que comprendan que el Karate-Do es un camino interno para construir la Paz no la guerra. Cuando un Instructor logre que su alumno asimile esta senda, entonces este lo reconocerá como su MAESTRO.

Autor: José María Martínez Meza

Editado: Shitokai Murayama

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